Neuroplasticidad

La historia en nuestro – Realidad, cuerpo y neuroplasticidad

Cada vez resuena con más fuerza la afirmación “el cuerpo tiene memoria” u oír hablar de “emociones atrapadas en el cuerpo”. Gracias a los avances en el campo de las neurociencias de los últimos años, es posible echar luz a estos procesos y comprender su naturaleza.

 

La memoria

Cuando hablamos de la memoria, queda claro que hablamos de la capacidad de retener y recordar hechos del pasado, datos, caras, nombres pero, fuera del ámbito de su estudio,  difícilmente se la suele asociar a la capacidad de retener por unos segundos el número de la casa que estamos buscando mientras caminamos por una calle desconocida, o que hemos en algún momento aprendido a caminar y gracias a haber memorizado este “hacer” podemos centrarnos en buscar la dirección en cuestión.

Por lo tanto, el primer detalle a tener en cuenta sobre la memoria es referirnos a ella en plural ya que no contamos con una memoria sino con varias. La distinción más importante entre ellas  es la que hace referencia a la duración de la información en nuestros circuitos de memoria: memorias a corto plazo y memorias a largo plazo.

Ambas memorias implican una conexión entre neuronas, transmisión de impulsos nerviosos, pero sólo en las memorias a largo plazo se observan cambios estructurales en las sinapsis; las neuronas buscan mayor zonas de intercambio bifurcando sus dendritas e incluso su axón.

Una memoria de corto plazo consigue afianzarse en el tiempo gracias a que las conexiones neuronales que la sostienen se refuerzan y amplían generando conexiones nuevas con otras neuronas y redes neuronales pre-existentes.


Siguiendo con el ejemplo anterior, si llego a la dirección que estoy buscando, disfruto de una cena agradable, divertida con amigos y decidimos que repetiremos ese encuentro cada mes, esa dirección, que en un primer momento carecía de sentido por ser desconocida, quedará asociada a momentos de placer y reencuentro entre amigos, a caras, nombres, experiencias, sensaciones y seguramente consiga formar parte de mi memoria a largo plazo.


Siento, luego existo

En este artículo nos centraremos en la memoria de menor duración, la sensorial, como punto de partida de cómo nuestra mente crea una imagen del mundo que nos rodea.

Percibimos el mundo a través de nuestros sentidos y estos registros duran sólo segundos. La información sensorial no sólo proviene del entorno sino también de nuestro interior. Te propongo pensar en “el mundo” como aquello que percibimos dentro y fuera de nuestra piel. Los bancos de memoria más estudiados hasta ahora han sido los provenientes del registro visual (memoria icónica), auditivo (memoria ecoica) y, más recientemente, el táctil y propioceptivo (memoria háptica) aunque también se reconoce la existencia de la memoria gustativa y olfativa.

Ya que cada registro es interpretado y almacenado en zonas distintas de nuestro cerebro, nuestra mente crea una imagen capaz de integrar cada uno de ellos en un código común; crea una fotografía viva del momento de la experiencia que resurge cada vez que la rememoramos. De esta manera, cuando recordamos una situación vivida, no es sólo nuestra mente, sino todo nuestro organismo quien evoca la experiencia. Invitamos a esa imagen a hacer acto de presencia trayendo consigo toda la información que quedó asociada a ese momento puntual: la luz, los objetos, una música que sonaba, el silencio, frío o calor, sensación de relax en el cuerpo o agitación, un tema de conversación, un olor, las personas que estaban presente…y así la lista podría ser interminable.

A su vez, cada uno de estos recuerdos que conforman esta imagen mental pueden estar en conexión con otras experiencias anteriores o posteriores en el tiempo. Volviendo al ejemplo de la dirección desconocida que se convierte en un sitio de cena con amigos asociado a sensaciones agradables, cuando evoquemos una imagen de esos encuentros es probable que se sumen imágenes de situaciones vividas con esos amigos en otros momentos fuera de los espacios de cena en la casa, ampliando y reforzando nuevamente las redes neuronales involucradas en el registro de dichas memorias.

 

El gran mapa de nuestra historia: las redes hebbianas

El psicólogo canadiense Donald O. Hebb (1904 – 1985) definió un principio básico en  referencia al modo en el que se forman lo que hoy conocemos como redes o patrones neuronales.


Ley de Hebb:
“Cuando un axón de una célula A está lo suficientemente cerca de una célula B como para excitarla y participa repetida y persistentemente en su disparo, ocurre algún proceso de crecimiento o cambio metabólico en una o ambas células de modo tal que aumentan tanto la eficiencia de A como la de una de las distintas células que disparan a B.”


Teniendo en cuenta que cada neurona cuenta con más de 15.000 conexiones posibles, las opciones combinatorias se disparan en millones de posibilidades. La cualidad de estas combinaciones definirá nuestra realidad y nuestra conducta, nuestra manera de  relacionarnos con esa realidad.

Frente a ciertos estímulos, tanto internos como externos, algunas de esas combinaciones de neuronas se activarán en conjunto. A su vez, cuando un grupo de neuronas se activa, estimula sus neuronas vecinas y, con el paso del tiempo, los lazos con estos vecinos se fortalecen.  De esta manera creamos nuestros patrones de conducta, basados en la información que percibimos de dentro y fuera de nuestro cuerpo, en la manera en la que nuestra mente la procesa y asimila activando redes neuronales pre-existentes o, incluso, creando conexiones nuevas entre neuronas.

En la experiencia, esto se traduce a acontecimientos, vivencias, emociones, pensamientos, sensaciones corporales, registros sensoriales que sucedieron en simultáneo y que quedan asociados entre sí en nuestra memoria. Y cabe destacar que, cuando se activa cualquier punto de una red neuronal, desencadena una respuesta en su totalidad. Puedo volver años después de haber abandonado el ritual de cenar con amigos a la casa donde ocurrían los encuentros y “la casa” despertará una serie de neuronas interactuando en red que generarán desde una emoción como la felicidad hasta una respuesta muscular como la relajación, pasando por la evocación de olores, situaciones vividas y todo aquello involucrado en la experiencia de “cenar con amigos”. Es nuestro organismo en su totalidad quien rememora.

 

Mente, cerebro, cuerpo y realidad

La percepción que tenemos del mundo se convierte en nuestra realidad. Cómo descodificamos la información proveniente de nuestro entorno y de nuestro interior, cómo la asociamos con la información ya existente, cómo la gestionamos, cómo la almacenamos, cómo creamos nuevas memorias, define nuestra realidad. Las redes neuronales que dan forma a nuestra estructura cerebral definen nuestra realidad.


Una historia curiosa: mundo real o de ficción
Luego de que un niño de 6 años le explicara historias sobre un conocido suyo a su tío, a éste se le ocurrió preguntar si su conocido era un personaje de un juego o era un amigo de “la vida real”, ya que no parecía quedar del todo claro.  Ante tal pregunta fue la madre del niño quien le respondió que para él todo era “el mundo real”. El niño no acabó de entender la pregunta o simplemente no le dio la suficiente importancia como para dar una respuesta.


Cuando decimos que nuestro cuerpo tiene memoria, hablamos de una memoria propioceptiva (consciencia del estado interno de nuestro cuerpo) y/o táctil que quedó reforzada en el tiempo y enlazada a imágenes mentales placenteras o dolorosas. Si no hay un componente emocional, placentero o doloroso, no hay sentido para retener esa información sensorial y se pierde a los pocos segundos. Sin embargo, cuanto mayor sea el componente emocional, más posibilidades tiene una memoria de permanecer a lo largo del tiempo, más detalles son memorizados, mayor es la intensidad de los registros perceptivos y mayor el sentido de la realidad del recuerdo.

Por lo tanto, podríamos decir que esa memoria háptica (propioceptiva y/o táctil) forma parte de una red de neuronas que se activan en conjunto frente a determinadas circunstancias. Si, por ejemplo, en algún momento de mi vida me di un disgusto, eché a correr y acabé torciéndome un tobillo, es bastante probable que al proponer a ese tobillo (ya curado, incluso años después del incidente) que se mueva, no sólo descubra que le cuesta, sino que se reactiva una vieja red neuronal que trae al presente la sensación de disgusto junto con el resto de los componentes de dicha vivencia. Recordemos que cuando un fragmento de una red neuronal se activa, se enciende la misma en todo su conjunto. Una variación de esta situación podría ser que en el presente, cada vez que me siento disgustado/a acabo con el mismo tobillo torcido, ya que hay un patrón existente en el cual “disgusto” y “tobillo torcido” forman parte, en un plano inconsciente, de la misma imagen mental. Traer esta relación a la consciencia es un primer paso para deshacer esta interacción.

 

Nuestra capacidad de transformarnos y reinventarnos

En los últimos años se ha podido demostrar como las redes neuronales, no sólo pueden transformarse, fortaleciéndose o debilitándose hasta el punto de desaparecer, sino que también sabemos, hoy por hoy, que células madre pueden dar origen a nuevas neuronas. Por lo tanto, nuestra realidad, cómo la percibimos, cómo nos influye, el significado que adquiere para nosotros, también puede verse transformada y, junto con ella, nuestra conducta, nuestras respuestas a los acontecimientos de nuestra vida.

Incluso la forma de nuestro cuerpo puede cambiar a cualquier edad, ya que cuando percibimos el mundo, lo hacemos con todo nuestro organismo y respondemos ante él de la misma manera, como seres enteros e indivisibles. Nuestro cuerpo, sus órganos, sus  músculos y articulaciones, sus hormonas, también se ven implicados en las grandes redes neuronales, retro-alimentándose con nuestras ideas, memorias, emociones; con nuestra historia.

Nuevas conexiones entre neuronas son posibles, nuevas realidades, nuevos renaceres. Tenemos los recursos para elegir la realidad en la que queremos vivir.

Bibliografía

1. Vídeo “Neuroplasticidad Cerebral” a cargo de Lic. Adriana Marcovich – Primeras Jornadas Internacionales de Neurosicoeducación 2009.
2. Vídeo “Recordando la Memoria I” a cargo del Dr. Carlos A. Logatt Grabner – Congreso taller: Neurociencias, Educación e Inteligencia Emocional – Terceras Jornadas de Neurosicoeducación 2011.
3. Vídeo “Recordando la Memoria II” a cardo del Dr. Carlos A. Logatt Grabner – Congreso taller: Neurociencias, Educación e Inteligencia Emocional – Terceras Jornadas de Neurosicoeducación 2011.
4. Los 3 tipos de memoria sensorial: icónica, ecoica y háptica –  Psicólogo Clínico Alex Figueroba  – psicologiaymente.net 
5. Material del Curso Neurobiología y Plasticidad Neuronal de la Asociación Educar para el Desarrollo Humano.

Gretel de Escalada Amarillo, pedagoga corporal

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